Cultura: Wirikuta y el derecho a lo sagrado

La región de Wirikuta, comprende un espacio aproximado de 140 mil hectáreas que pertenecen a la entidad mexicana de San Luis Potosí, en los municipios de Catorce, Charcas, Matehuala, Villa de Guadalupe, Villa de La Paz, Santo Domingo y Villa de Ramos.

Todo inicia en el pueblo de La Tristeza en Nayarit. El marakame, hombre de gran sabiduría y sencillez, es el guía espiritual de la comunidad. Con él, van los peyoteros y los peregrinos de su comunidad y del pueblo de Salvador Allende. En el grupo también van niños con el rostro cubierto, requisito indispensable para quienes inician su primer viaje a Wirikuta. Para emprender el viaje, los huicholes realizan diversos rituales preparatorios. Durante tres días de trayecto de La Tristeza a Wirikuta, tomaron sólo agua y no cruzaron palabra alguna. Ya en Wirikuta los peyoteros se confiesan uno a uno, y anudan un lazo que, al final, es lanzado al fuego. Después de la confesión atraviesan la puerta donde chocan las nubes y se paran en línea recta, mirando hacia Wirikuta. El marakame pasa sus plumas sagradas por el cuerpo de cada uno de ellos y pide a Kauyumari, “el hermano mayor”, que les ayude a cruzar. Luego de cruzar la puerta nos encontramos en la morada de “las Madres del Agua”, tateimatinieri, manantial de agua sagrada. Cerca se encuentra otro manantial sagrado, Toi-mayau, morada de “las Madres de los niños”. En esta pequeña laguna los peyoteros dejan ofrendas en el agua: niericas (cuadros de estambre), sangre de venado, plumas; es decir, sus objetos más valiosos y sagrados, traídos del Kalihuey o templo. Después, el marakame pondrá un poco de agua en la cabeza de los asistentes. Más tarde, los peyoteros llenarán sus bules con agua y los llevarán a sus comunidades, donde rociarán milpas, animales y a sus familias. Al día siguiente se cruza otra puerta, Wakirikitema, donde se pide permiso a los dioses para entrar a Wirikuta. El guía realiza una limpia a todo el grupo y, acto seguido, entran en la meseta donde viven los dioses. Ahí, en el ámbito sagrado, todos los peyoteros se ponen en fila, como verdaderos guerreros, y el marakame mira hacia el horizonte; divisa, quiere encontrarse con el venado azul. Si el marakame no descubre al venado azul, la cacería habrá terminado y tendrán que regresar a casa con los costales vacíos. De pronto el marakame empieza a caminar y los peyoteros lo siguen. Todos se dirigen al lugar donde él vio al mítico animal. Instantes después se detiene y hace una pequeña horadación en la tierra que esconde al primer grupo de peyotes, o jícaris. La cacería ha empezado. Cacería, porque el peyote es identificado con el venado sagrado. El guía parte los peyotes en pequeños gajos y ofrece uno a cada peregrino. Los huicholes cantan, agradecen y dejan ofrendas donde apareció el venado azul. Una vez terminado el acto de comunión salen a buscar peyote. Conforme encuentran jícuris colocan sus flechas a un costado. De regreso los recogerán todos. Por la noche se reúnen y alimentan al fuego. El marakame canta y en su canto se reviven hazañas de los dioses y la creación del mundo, con ello los huicholes ayudan a su preservación. Danzarán toda la noche hasta el amanecer. En la mañana, los peyoteros cantan hermosas canciones de despedida a los dioses; luego partirán de regreso a su comunidad para realizar las ceremonias que completan el ciclo.

En 1988 la UNESCO incorporó a Wirikuta a la Red Mundial de Sitios Sagrados Naturales y en 1994 fue declarada Área Natural Protegida por el Gobierno estatal. Actualmente dicha zona se ve amenazada por una Transnacional Minera conocida como First Majestic, de origen Canadiense. No solo se están viendo amenzados los recursos naturales y la fauna de la región, también los usos y costumbres, la cultura y la historia de nuestros hermanos indígenas Wixárikas (huicholes). La esencia del debate que hoy se ha discutido en torno a este tema, es que no se está tomando en cuenta adecuadamente ni el VALOR AMBIENTAL ni el VALOR CULTURAL de la región de Wirikuta.

Sólo después de que el último árbol sea cortado, sólo después de que el último río sea envenenado, sólo después de que el último pez sea apresado, sólo entonces, sabrás que el dinero no se puede comer”.

Profecía India.

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